04 de Julio del 2014
Baños, la ciudad que vive con un volcán
Baños, la ciudad que vive con un volcán

Ecuador en Medios Internacionales

Matías Zibell
BBC Mundo, Ecuador

José Luis Freire, concejal de Baños de Agua Santa, dice sin dudar que así como hay un antes y un después de Cristo, en su ciudad existe un antes y un después de octubre de 1999, cuando el volcán Tungurahua entró en erupción.

"Fue un balde de agua fría porque siempre relacionábamos erupción igual muerte", le contó a BBC Mundo Freire en esta localidad ecuatoriana ubicada a 135 kilómetros al oeste de Quito.

Once años atrás, las erupciones de lava y ceniza eran para Mariana Reascos, presentadora de la principal radio de la ciudad, "cuentos de abuela", ya que el Tungurahua había permanecido inactivo por más de 80 años.

"Ella había sido testigo de la erupción de 1918 y nos decía que la mama Tungurahua bota candela y un polvo que cubre todos los campos", le relató a BBC Mundo desde el estudio de La Voz del Santuario, ubicado en el complejo de la catedral de la ciudad.

En el interior de la iglesia, el volcán es protagonista de varios de los cuadros colgados de las paredes. Un recuerdo de erupciones ocurridas en siglos anteriores y de la protección que ha ejercido la Virgen de Agua Santa sobre los baneños.

La advertencia del escudo

Para algunos en esta ciudad lo extraño no fue la erupción, sino que la gente de Baños –que hoy no supera los 20.000 habitantes- haya amanecido con la noticia de que el cráter no estaba apagado.

"Es interesante que a pesar de que en el escudo de armas de la provincia (de Tungurahua) está el volcán erupcionando -y que el cráter es muy evidente- resultó una sorpresa que erupcione", señaló Hugo Yépez, director del Instituto Geofísico del Ecuador.

BBC Mundo entrevistó a Yépez en las instalaciones que tiene el instituto en Guadalupe, a pocos kilómetros de Baños, donde el vulcanólogo indicó que los primeros movimientos anómalos en el interior del volcán comenzaron en septiembre de 1998.

Pero "en el 99 se abrió el sistema, empezaron los gases a ejercer presión, y cambió la vida de esta ciudad porque se dieron cuenta de que era un volcán activo".

En aquel octubre los baneños no sólo tuvieron que enfrentar el hecho de que el volcán no estaba apagado, sino también sufrieron una evacuación masiva que terminó con enfrentamientos violentos con soldados enviados a la zona.

A.V. (antes del volcán)

"La vida aquí en Baños antes de que se dé el proceso eruptivo era tranquila, la gente trabajaba en sus terrenos, la agricultura, cada quien estaba dedicado a su hogar", le dijo un habitante de Baños llamado Danilo Herrera Salazar a BBC Mundo.

Pero esta tranquilidad no era tan redituable como la gran oportunidad económica que experimentó la ciudad a partir de la nueva fama que adquirió.

"Yo vivía aquí cuando tenía 4 y 5 años y únicamente eran artesanos y cultivadores de pequeños productos. Con el paso del tiempo el 90% está dedicado exclusivamente al turismo", relató a BBC Mundo Wilson Olivo, editor del diario El Heraldo de Ambato.

El concejal Freire señaló que el volcán "siempre fue una oportunidad de trabajo" para los lugareños, incluyendo para él, quien en los últimos años, además de su función como concejal, está dedicado al negocio hotelero.

Si antes era una atracción para los andinistas, "ahora llegan nuevas caras, nuevos turistas que vienen en busca de capturar imágenes de un volcán en erupción", añadió Freire.

Por eso no sorprende que esta ciudad albergue actualmente decenas de discotecas, bares, tiendas dedicadas al turismo aventura y que europeos, estadounidenses y asiáticos caminen por sus calles con sus cámaras listas.

D.V. (después del volcán)

Pero el negocio turístico, que antes de aquel octubre estaba más orientado a las aguas termales y a la visita de peregrinos a la Catedral de la Virgen de Agua Santa, sufrió un cataclismo cuando la lava se hizo presente.

"Empezó la actividad eruptiva a finales del 99 y fue como apagar las hornillas de una cocina, todo el trabajo se enfrió", indicó el concejal, quien agregó que aún hoy el Tungurahua conserva esa capacidad de atraer o de expulsar visitantes, aunque no siempre es el único responsable de estos vaivenes.

"Cuando el volcán se activa todos los medios de comunicación cubren esta información pero cuando se estabiliza y se queda tranquilo nadie lo dice. Nadie recapacita que somos una población que vive exclusivamente de esto y que nuestro pan del día es cada turista que llega".

Once años después, los científicos del Instituto Geofísico creen que hay baneños muy responsables que quiere aprender a convivir con el Tungurahua, pero también "hay gente en Baños que todavía ignora el volcán".

“Dicen ‘yo estoy aquí, todavía no me ha pasado nada, por lo tanto en el futuro nunca me pasará nada, ni a mi negocio ni a mis clientes’, concluyó Hugo Yépez.
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